Baja despacio: los ingredientes suben.
Carta corta a propósito: ocho pizzas, las que sabemos hacer con los ojos cerrados.
Montas el pedido en un minuto. El horno no se enciende hasta que confirmas.
Noventa segundos a 450 grados. Media vuelta a mitad de cocción. Fuera.
Caja con rejilla para que respire. La base llega crujiente, no cocida al vapor.
Tierra (la harina), agua, aire (las burbujas de la masa) y fuego (el horno). El quinto lo servimos en caja. Un horno de Nápoles, un local en La Vieja y una sola creencia: la masa no se negocia.
Pedido mínimo 12 €. Reparto 2,50 €, gratis a partir de 25 €.
| Barrio | Tiempo | ¿Repartimos? |
|---|
Opiniones inventadas para la maqueta, como todo lo demás.
«Pedí la Diavola por probar. Ahora organizo mi semana alrededor del martes.»
«La marinara sin queso me parecía una estafa. La probé. Pido perdón públicamente.»
«El borde llegó crujiente a Santutxu. No sé qué le hacen a la caja y no pregunto.»
Porque el horno es uno y la masa es una. Cada pizza de más es un ingrediente más que puede no estar fresco. Ocho perfectas antes que veinte del montón.
Harina, agua, sal y muy poca levadura. El secreto no es un ingrediente: son 48 horas de fermentación en frío.
No, y preferimos decirlo claro: amasamos trigo todo el día y no podemos garantizar una pizza segura para celiacos. Antes que arriesgar tu salud, te lo decimos.
La caja lleva rejilla y agujeros para que respire, y va plana, no de canto. Si aun así llega mal, se repite. Sin foto ni discusión.
Sí. En el pedido eliges «a una hora» y te enseñamos los tramos de hoy. La pizza entra al horno para salir justo a tiempo.
El horno ya está encendido. Lo demás depende de ti.
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