ZORTZI era la taberna de la amona Begoña. Su nieta la reabrió con una sola idea: hacer una cosa, y hacerla mejor que nadie.
«Mi amona decía que una tortilla se estropea por tres cosas: la prisa, el molde y el miedo a darle la vuelta.»
Begoña llevó cuarenta años la taberna de la calle Ronda. Cuando cerró en 2018, el barrio se quedó sin el pincho de las doce. Su nieta Nagore, cocinera en restaurantes con mantel, dejó los manteles y recuperó el local en 2022.
Cambió lo justo: la nevera, la máquina de café y poco más. La sartén de hierro es la misma. La receta también.
Nieta de Begoña. Volvió de los restaurantes de mantel con una estrella de menos y una sartén de más. Da la vuelta a la tortilla sin mirar.
Treinta años sirviendo pinchos en el Casco Viejo. Se sabe el nombre de todos los parroquianos y el punto de tortilla de cada uno.
Lleva las tortillas en caja rígida y en horizontal, como se llevan los recién nacidos y las cosas importantes.
No hay tortillas hechas esperando. La tuya empieza cuando confirmas y sale de la sartén a la caja.
De un caserío de Larrabetzu. Nos lo trae Joseba los martes y los viernes, y se nota en el color.
Unai, en nómina, con caja térmica rígida. La tortilla viaja plana o no viaja.
Sin foto, sin discusión. La amona no habría discutido con un cliente y nosotros tampoco.